Nació
en Alessandría, Piamonte, Italia, en 1932. A los 24 años defiende su tesis
doctoral sobre La cuestión estética en la obra de santo Tomás de Aquino, que ya
revela el alcance de su personalidad académica. Inicialmente trabaja en la
televisión (1955-1958) y colabora en diversas publicaciones. En 1963, junto con
otros intelectuales italianos, funda el Gruppo 63. Se inicia en la docencia en
las facultades de Arquitectura de Florencia y Milán. En 1975 consigue la
cátedra de Semiótica de la Universidad de Bolonia. En 1999 es nombrado
presidente de la Escuela Superior de Estudios Humanísticos de Bolonia y en
2002, presidente del Consejo Científico del Instituto Italiano de Estudios
Humanísticos. Ha sido profesor visitante de las universidades de New York,
Northwestern, Columbia, Oxford, Harvard, Toronto, Sao Paulo, Río de Janeiro, La
Plata y Buenos Aires, y del Colegio de Francia en París. Es doctor 'honoris
causa' por una treintena de universidades europeas y americanas y posee, entre
otras distinciones, los premios Strega, Medicis, McLuhan y Príncipe de
Asturias.
Se
pueden definir dos presupuestos clave en la producción de Eco: en primer lugar,
el convencimiento de que todo concepto filosófico, toda expresión artística y
toda manifestación cultural, de cualquier tipo que sean, deben situarse en su
ámbito histórico; y en segundo lugar, la necesidad de un método de análisis
único, basado en la teoría semiótica, que permita interpretar cualquier
fenómeno cultural como un acto de comunicación regido por códigos y, por lo
tanto, al margen de cualquier interpretación idealista o metafísica.
En
Apocalípticos e integrados hace uno de sus análisis más conocidos sobre la
proyección de los usos y consumos propios de la cultura de masas en distintos
escenarios sociales. Los 'apocalípticos' aparecen como una élite aristocrática,
pesimista y crítica que refiere la decadencia cultural masiva, mientras que los
'integrados', sin cuestionarse la naturaleza de esos consumos y la identidad de
quienes los inducen o sirven, participan plenamente del fenómeno y se impregnan
de las trazas culturales dominantes.
La
industria cultural, irrumpe en el escenario con novedosas propuestas. Surge
pues, el concepto de cultura de masas, término ambiguo que pretende incluir los
medios de comunicación audiovisuales (radio, cine y TV), como a la gráfica
(diarios y revistas) y a la industria editorial (Best sellers, literatura de
consumo masivo).
En
este contexto, los medios ponen los bienes culturales al alcance de todos,
adecuando el contenido muchas veces, al "nivel" del receptor, esto
es, haciendo que la asimilación sea más simple e incluso superficial. Este
proceso de "adaptación" de los contenidos, se traduce en una
extensión del campo cultural.
Surge
entonces, la necesidad de contextualizar la cultura de masas: es imposible
conocerla si se pasa por alto que los medios de comunicación se desarrollan en
el momento exacto en que las grandes masas comienzan a ser protagonistas de la
vida pública, imponiendo así un lenguaje propio y exigencias particulares. Sin
embargo, Eco apuntará que el modo de divertirse, de pensar, de imaginar de las
clases populares es inducido por los medios y responde a los modos de pensar de
la clase dominante. Y en este sentido, los medios proponen situaciones que no
tienen ninguna conexión con la realidad de los consumidores. En síntesis, la
cultura de masas ofrece expresiones culturales de la burguesía a los sectores
populares.
La información proporcionada viene de Infoamérica e Idoneos.
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