Herbert Marcuse


Herbert Marcuse nació en Berlín en julio 19,1898. Tras completar su doctorado tesis en la Universidad de Friburgo en 1922, se trasladó a Berlín, donde trabajó en el comercio del libro. Regresó a Friburgo en 1929 para escribir una habilitación (disertación del profesor) con Martin Heidegger. En 1933, ya que no se le permitirá completar ese proyecto bajo el régimen nazi, Herbert empezó a trabajar en el Instituto de Investigación Social de Frankfurt, una de orientación marxista de reflexión (como diríamos hoy).

Emigró de Alemania ese mismo año, yendo primero a Suiza, luego a los Estados Unidos, donde se convirtió en ciudadano en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en los EE.UU. Oficina de Servicios Estratégicos (precursora de la CIA), el análisis de los informes de inteligencia sobre Alemania (1942-45-51). 

En 1952, Herbert comenzó una carrera docente universitaria como teórico político, primero en Colombia y Harvard, después de Brandeis desde 1954 hasta 1965, y finalmente (ya en edad de retiro), de la Universidad de California en San Diego.

Sus críticas de la sociedad capitalista (especialmente su 1955 síntesis de Marx y Freud, Eros y civilización , y su libro de 1964 El hombre unidimensional ) resonaron con las preocupaciones del movimiento estudiantil de izquierda en la década de 1960. Debido a su voluntad de comprometerse seriamente con (y apoyar) las protestas estudiantiles, Herbert pronto se hizo conocido como "el padre de la nueva izquierda" (un término que no le gustaba y rechazada).Había muchas conferencias en los EE.UU. y Europa a finales de 1960 y en la década de 1970.

El progreso tecnológico ha creado las condiciones para una liberación respecto de la obligación del trabajo,  para una ampliación del tiempo libre. Marcuse considera que ello permitirá la liberación de las potencialidades reprimidas que, “así liberadas, crearán nuevas formas de realización y de descubrimiento del mundo, que a su vez otorgarán una nueva forma al reino de la necesidad, a la lucha por la existencia. Así se dan las condiciones para el surgimiento de una sociedad no represiva en la que se viva la felicidad del Eros liberado, la lógica de la satisfacción y no ya la de la represión”. 

En El marxismo soviético (1958) critica duramente la evolución de la revolución Rusa y su tendencia a la burocratización. Critica también que se haya hecho del marxismo un dogma y que el Estado haya quedado en manos de una casta de burócratas investidos de un poder totalitario. De este modo, el marxismo se ha convertido allí en instrumento al servicio de una sociedad represiva, burocrática y totalitaria.

En El hombre unidimensional (1964), su obra más famosa, presenta a la sociedad capitalista “avanzada” como una sociedad en la que el hombre ha perdido su sentido crítico. El consumismo y la “liberación de las costumbres” lo han transforman en un ser cada vez más adaptado e integrado al sistema. Ya no hay espacio para la oposición y la crítica, la sociedad unidimensional“integra en sí toda auténtica oposición y absorbe en su seno cualquier alternativa”. En ella se da “una confortable, tersa, razonable, democrática no libertad”. El capitalismo avanzado ejerce su dominio, su control total, de un modo sutil, manipulando los deseos y las necesidades de las personas. “No sólo determina las ocupaciones, las habilidades y las actitudes socialmente requeridas, sino también las necesidades y las aspiraciones individuales”

La filosofía de esta sociedad unidimensinal es el positivismo, que sirve de base a la racionalidad tecnológica y a la lógica del dominio. Y esta filosofía no tiene rival porque se ha anulado el espacio de la crítica.

Contra las previsiones de Marx, hasta el propio proletariado ha perdido su impronta revolucionaria, seducido por el confort y el consumismo. Por esta razón Marcuse busca otros sujetos revolucionarios, y los encuentra en los extranjeros, los explotados, los desocupados, las minorías, los marginados y los excluidos del sistema. Su sola presencia muestra la necesidad de poner fin a condiciones e instituciones intolerables. De todos modos Marcuse no aclara cómo sería un proceso revolucionario protagonizado por estos actores. Prefiere que su pensamiento permanezcan en la negatividad, en la crítica, unido a “aquellos que, sin esperanza, dieron y dan la vida por el Gran Rechazo”.  Murió el 29 de julio de 1979, después de sufrir un accidente cerebrovascular durante una visita a Alemania.


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